Con espíritu misionero y en continuidad con una presencia pastoral que supera el siglo en la vereda Chinatá, el Convento Santo Domingo de Tunja llevó a cabo la Misión de Semana Santa 2026 en la finca San Luis Bertrán, municipio de Gámbita, Santander. Esta experiencia eclesial fue confiada a fr. Rogelio Cano, acompañado por los prenovicios Juan Darío Pimiento Téllez y Andrés Felipe Vidal Morales, quienes animaron la vida litúrgica y comunitaria durante los días santos.
La misión se vivió como fruto maduro del camino cuaresmal. La preparación penitencial y orante de la comunidad permitió disponerse interiormente para celebrar con mayor hondura los misterios centrales de la fe: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Así, cada celebración no fue un acto aislado, sino la culminación de un proceso espiritual que ayudó a los fieles a entrar en el misterio pascual con fe viva y participación consciente.
Siguiendo la programación prevista, las familias de la zona se congregaron en la capilla de la finca para vivir el Domingo de Ramos con procesión y Eucaristía, el Jueves Santo con la memoria de la Cena del Señor, el Viernes Santo con el viacrucis y la celebración de la Palabra, el Sábado Santo con la solemne Vigilia Pascual y, finalmente, el Domingo de Pascua con la Eucaristía de la Resurrección. Cada momento estuvo marcado por el recogimiento, la catequesis sencilla y profunda, y una activa participación de la comunidad.
La misión no se limitó a lo estrictamente litúrgico. En un ambiente de fraternidad, se compartieron alimentos, espacios de diálogo y momentos recreativos, incluidos encuentros deportivos que fortalecieron los lazos comunitarios. Esta dimensión humana de la misión hizo visible la Iglesia como familia que camina unida, donde la fe se celebra, pero también se comparte en la vida cotidiana.
Es especialmente significativo destacar que esta labor misionera se inscribe en una tradición de más de cien años de acompañamiento pastoral en la región. El Convento Santo Domingo de Tunja reafirma así su compromiso con las comunidades rurales, reconociendo en ellas un lugar privilegiado para la evangelización, donde la fe se vive con sencillez, profundidad y arraigo.
La finca San Luis Bertrán se convirtió, una vez más, en espacio de gracia: un verdadero hogar pascual donde Cristo vivo se hizo presente en la Palabra, en los sacramentos y en la comunión fraterna. Esta misión deja como fruto no solo el recuerdo de unas celebraciones bien vividas, sino el fortalecimiento de una comunidad que, desde su realidad concreta, continúa caminando con esperanza hacia la plenitud de la vida en Cristo.