Con profundo recogimiento, el domingo 13 de julio y en medio de un sentido homenaje, se realizaron las exequias de fr. Orlando Rueda Acevedo. Sus restos mortales llegaron a Colombia en horas de la mañana luego de su proceso de repatriación, apoyado por la Embajada de Colombia en Roma.
Acompañado de los frailes del Convento de Santo Domingo y de otras casas, conventos y entidades de la provincia; de su familia, religiosas, amigos y laicos, fr. Orlando recibió sentidas palabras de gratitud y exaltación por su vida, esa que consagró a la comunidad desde 1° de febrero de 1983, cuando vistió por primera vez el hábito dominicano.
“La imagen y la guía de santo Domingo de Guzmán siempre ha estado presente en nuestro hogar, por eso fuiste un hermoso y valioso regalo de Dios en nuestra vidas, no solo en nuestro hogar, donde nuestra querida madre Lola, cumplió el sueño que siempre tuvo de tener un hijo sacerdote, sino también en todos los hermanos de la institución dominicana, familiares y amigos que tuvimos el placer, la dicha y la emoción de haber compartido tus valores, tus virtudes, tu dedicación y esfuerzo, así como el amor y fe en Dios, Nuestro Señor”, recordó Domingo Rueda, hermano de fr. Orlando.
Las exequias fueron presididas por monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo dominico de Popayán y concelebrada por un significativo número de sacerdotes. Durante la homilía, realizada por fr. Franklin Buitrago Rojas, O.P., prior provincial en Colombia, sobresalieron los sentimientos de gratitud por los momentos inolvidables, los gestos de fraternidad y cercanía que fr. Orlando tuvo con todos aquellos que tuvieron la fortuna de compartir con él.
“Fr. Orlando nos enseñó también que el carisma de Domingo sigue vivo en nosotros, sus hijos e hijas, que la voz de Domingo en América es nuestra voz. La voz de Domingo que descubre la fuerza de la verdad y es fuego de libertad. Fray Orlando nos enseñó a creer que el mar caribe se puede llenar de luz y que puede descender fuego por el Amazonas siguiendo las huellas del predicador que cree en su vocación. Recuerdo muchas visitas a lugares dominicanos, donde fray Orlando nos enseñó a apasionarnos por nuestra Orden y a comprender que esa historia grande de los predicadores se sigue escribiendo en nosotros. Era su manera de enseñar: con el corazón apasionado por la Orden, los brazos abiertos para acoger al hermano”, señaló fr. Franklin.
Fr. Orlando fue despedido con un sentimiento de gratitud profunda: gratitud hacia él por todo lo que significó para la Provincia Dominicana de Colombia. Gratitud hacia Dios que concedió a la Orden un hermano extraordinario, un fraile ejemplar.