La responsabilidad de extender y ofrecer el carisma de la Orden
La responsabilidad de extender y ofrecer el carisma de la Orden
Cinco nuevos sacerdotes y dos diáconos al servicio del pueblo de Dios
| abril 22 de 2026 |
La Provincia de San Luis Bertrán de Colombia se vistió de gozo y alegría por la ordenación presbiteral y diaconal de siete frailes, que, a los pies de la Reina y Patrona de Colombia en la Basílica de Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá, recibieron sus grados ministeriales rodeados de un calor especial de fraternidad y esperanza.
De la mano de monseñor Omar Alberto Sanchéz Cubillos, O.P., arzobispo de la arquidiócesis de Popayán, fr. José Eduardo Pardo Carrillo, O.P, fr. José Ángel Vidal Esquivia, O.P., fr. Rodolfo Toro Gamba, O.P., fr. Brayan Armando Álvarez Contreras, O.P., y fr. Daniel Yovani Sisa Niño, O.P, fueron ordenados para el ministerio del Orden, mientras que fr. Darwin Castiblanco Macías, O.P, y fr. Andrés Eduardo Coronado Villalba, O.P., fueron ordenados como diáconos.
Rodeados de un nutrido grupo de sacerdotes provenientes de diferentes conventos, casas y entidades de la provincia, así como de familiares y amigos, el 18 de abril de 2026, los nuevos ordenados iniciaron un nuevo camino en su vida religiosa y de servicio al Pueblo de Dios.
“Consideren un verdadero privilegio ser ordenados, en esta Basílica Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá. La Orden esta hoy de fiesta por todos ustedes, hermanos, llamados en este día al Diaconado y al Presbiterado. Así como nuestro Padre Santo Domingo ha sido un regalo para la Iglesia, ustedes hoy lo son para la Orden y la provincia. La fuerza del carisma dominicano se fortalece con esperanza en ustedes y en la misión que cumplirán hacia adelante”, señaló monseñor Omar Alberto durante su homilía.
Los exhortó a contar en todo con Santo Domingo de Guzmán, para que él nunca deje de ser su referente continuo, su inspirador, su protector, su compañero de camino, modelo, Padre Custodio, y especialmente su gran padrino. Sumado a esto, enfatizó que es el Señor mismo quien les ha impuesto las manos y los toma para sí, pues, aunque la imposición de manos del Obispo, con los Presbíteros, y la oración consagratoria, constituyen el signo visible más importante de su consagración, de su ordenación, es siempre Cristo quien los consagra.
A los nuevos presbíteros y diáconos ahora sólo les compete una respuesta firme y definitiva. Que no tiene carácter formal, ni emotivo, perecedero. Supone una respuesta de adentro, madura, consciente, continua; se trata de un sí sin pausa, sin excusas, hasta el final de sus vidas, así lo resaltó monseñor Omar: “hoy ciertamente no es un día para enfatizar en los detalles del hacer sacerdotal, de cuánto deben hacer, se trata más de precisar lo que en verdad es esencial. Se trata de precisar el fundamento de cuanto exige el carácter sacerdotal… y lo podríamos visualizar con una profunda, sencilla y bella expresión del papa francisco: no se puede ser sacerdote sin una relación íntima con el Señor.
Recordó que el sacerdote y el diácono no están hechos para vivir encerrados en si mimos, sino en una relación viva con Dios, y que eso los obliga a superar desde ya, una mirada funcional de sus nuevos ministerios, pues no se trata de cuánto harán, sino a partir de quién lo harán.
“Los quiero invitar a que desde el inicio de su ministerio amen lo que Dios les entrega para servirlo. Que nos quede siempre claro, que el sacramento del Orden, en el grado que Dios lo disponga, nunca debe ser leído como una posición de privilegio, sino un camino de entrega continua, sin esperar nada a cambio de las realidades de este mundo. Solo cabe una sola aspiración, la de santo Tomas: solo a ti Señor.
Finalmente los invitó a ser conscientes de que serán presbíteros, y diáconos transitorios, en una Iglesia en proceso de renovación, pues la Sinodalidad no es una categoría añeja y ahora removida, llamada a pasar de largo. Llegó para quedarse.
Que María Madre de Dios, Madre nuestra, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquira, los proteja en todo su ministerio, en todas sus luchas; aférrense a María como tutora permanente de este inmenso regalo de Dios, su sacerdocio y déjense acompañar y consentir bajo su manto maternal.
Gracias por su sí.
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