Un yugo con alas: el Capítulo vuelve a lo esencial
Un yugo con alas: el Capítulo vuelve a lo esencial
| noviembre 05 de 2026 |
Crónica del tercer día del Capítulo Provincial 2026
Después de dos jornadas dedicadas a los informes y al análisis de la realidad provincial, el Capítulo hizo una pausa para volver a lo esencial. La Eucaristía y las Laudes abrieron un día dedicado a la oración y al retiro espiritual. En el Convento de Santo Domingo de Bogotá, los balances y las deliberaciones dieron paso al silencio, la escucha y el encuentro con la Palabra.
La predicación del retiro estuvo a cargo de fray Mauricio Saavedra Monroy, O.S.A., Prior Provincial de la Provincia de Nuestra Señora de Gracia de Colombia. Con cercanía y buen humor, este hermano agustino se declaró en casa entre predicadores y, desde la espiritualidad de san Agustín, invitó a contemplar las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».
El predicador habló del cansancio que acompaña tantas veces el servicio a las comunidades, las obras y el gobierno. Pero ofreció una imagen sugerente: el yugo de Cristo es como unas alas; tienen peso, pero nos permiten volar. Así también las responsabilidades de nuestra vocación, aunque exigentes, pueden convertirse en oportunidades para crecer y servir.
A partir de esta imagen, la reflexión condujo a los hermanos por distintas maneras de acercarse a Jesús: venir a su luz para salir de las tinieblas, reconocer humildemente nuestras fragilidades, descubrir en él el rostro amoroso del Padre y escuchar su voz que llama por nuestro nombre. El predicador recordó que no nos acercamos a Dios como esclavos temerosos ante un patrón, sino como hijos que encuentran descanso en su Padre.
La mirada se detuvo también en el rostro de Cristo crucificado, donde el amor permanece más fuerte que la violencia. Desde allí, fray Mauricio invitó a redescubrir el origen de nuestra fe: no una idea, un programa o una estrategia, sino el encuentro con Jesucristo, capaz de dar un horizonte nuevo a nuestra existencia.
La meditación abordó igualmente la transmisión de la fe mediante dos imágenes: la luz que enciende otra luz sin apagarse y el amor que une a las personas. Una invitación a preguntarnos cómo estamos comunicando el Evangelio y qué testimonio de vida dominicana ofrecemos a quienes nos rodean.
Por la tarde, la reflexión personal encontró inspiración en el camino de Emaús, bajo una sencilla súplica: «Quédate con nosotros». Como aquellos discípulos que reconocieron al Resucitado al partir el pan, los frailes fueron invitados a escuchar nuevamente el Evangelio que predican y a reconocer a Cristo en los hermanos.
Las preguntas llevaron la meditación a la vida cotidiana: ¿escuchamos realmente a quienes acompañamos? ¿Conocemos las alegrías y dificultades del hermano que comparte nuestra mesa? ¿Ponemos nuestros conocimientos y bienes al servicio de quienes más los necesitan? La memoria de santo Domingo, que vendió sus libros para socorrer a los hambrientos, recordó que la predicación necesita hacerse vida, también a través de nuestras obras educativas y apostólicas.
Así transcurrió esta jornada, sin la urgencia de aprobar propuestas ni de resolver asuntos administrativos, pero con una tarea igualmente importante: escuchar a Dios antes de decidir sobre el futuro de la Provincia.
En vísperas de la elección del Prior Provincial, el retiro recordó que ninguna responsabilidad de gobierno puede sostenerse únicamente en las capacidades humanas. Necesitamos volver a Cristo, aprender a descansar en él y reconocer su presencia entre nosotros. Quizá entonces descubramos, como sugería la meditación de la mañana, que incluso las cargas de nuestra vocación pueden convertirse en alas para seguir predicando.
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