La pasión por el estudio de la verdad
Fr. Pedro José Díaz Camacho, O.P. (El Magno)
| agosto 25 de 2025 | Por: Fr. Carlos Arturo Ortiz Vargas, O.P. |
Cuando se conocen los hermanos y se les ama, no será difícil escribir sobre ellos, y menos sobre fr. Pedro José, a quien conocimos, respetamos y amamos. Muchos valores aprendimos los que tuvimos el gusto de vivir y compartir la vida junto a él. De eso quiero escribir, lo que aprendimos a su lado, como persona, como amigo, como dominico, como promotor vocacional, como maestro, como superior, como síndico, como docente, como directivo, como escritor, como apóstol.
De fisonomía delgada y de buena salud, atento y admirador de la mujer, de clara y brillante inteligencia, de buenas costumbres y con ascendencia moral reconocida por todos, de buen carácter y de muy buen sentido común, disciplinado y lector asiduo de varios géneros literarios, encarnó en sí el ideal dominicano que predicó con su vida, aquella a donde la obediencia lo fue destinando. Promotor de juventudes y estímulo constante a quienes se animaban a hacer parte del campo de la docencia o de la misión popular. Fraile dominico estudioso, de rigor académico, sobresaliente por sus escritos de espiritualidad dominicana, de teología y de religiosidad popular. Apreciado por sus cualidades desde los inicios de su formación, fue merecedor de la confianza de sus superiores, quienes que le asignaron diferentes cargos y oficios de responsabilidad desde muy temprano.
De Pedro aprendimos la generosidad. Siendo promotor vocacional, muchos jóvenes que llegaron a la Orden, sin su ayuda y apoyo económico, no hubieran podido ingresar. El proveía de lo necesario cuando se llegaba al noviciado: los transportes, un colchón, los hábitos nuevos, las liturgias y los primeros libros, nunca faltaba nada, este hermano acogía con comprensión y con cariño y calladamente, sin hacer aspavientos, ayudaba a todos de una u otra manera. Lo mismo ocurría con cientos de jóvenes que aspiraban ingresar a la educación superior y que se beneficiaron de sus auxilios educativos hasta alcanzar la titulación. También los presos de muchas cárceles de Colombia recibían periódicamente libros, especialmente de literatura, que él les hacía llegar en cajas que el mismo empacaba.
De Pedro muchos aprendieron a encarnar el carisma dominicano. En él se percibía a un verdadero dominico, el fraile que más sabía de dominicanismo y que lo vivía sin alardes, en la sencillez de una vida austera, de estudio permanente, de una exigente observancia y de una predicación coherente y creíble. El folleto Frailes predicadores. Una vocación al servicio del evangelio (1978) habla de su talante y de su carisma; ese sencillo folleto lo tenía todo para el novato, para el curioso y para el aspirante e incluso sirvió para atraer a muchos a la Orden. Un verdadero instrumento vocacional que, de manera vertiginosa, aumentó, en tiempos de sequía, el llamado y la decisión de muchos jóvenes que llegaron a nuestra provincia.
Pero hay más, Pedro siempre creyó en las personas y las ha promovió. Las invitó a crecer, a dar lo mejor de sí mismas, a poner cada uno de sus valores y potencialidades al servicio de los demás y de la provincia. Él supo inculcar en muchos la pasión por el estudio, por la lectura, por la escritura, por la cultura, en fomentar un espíritu crítico frente a todo lo que nos circunda y a no dejarnos amilanar. Con Pedro supimos de libros, de revistas, periódicos y a ver los noticieros; a escribir los retiros, lo que se fuera a conferenciar o predicar, a escribir todo.
Pedro era un maestro, supo formar en tiempos difíciles nuestra personalidad y promover la vida en comunidad. Con él aprendimos sobre pedagogía, didáctica, respeto por los otros; nos lanzó siendo muy jóvenes a la docencia, a la vida pastoral, a predicar sin miedo y sobre todo, a tener seguridad y carácter frente a la misión. Nunca olvidaremos su apoyo y aliento frente al desarrollo de las cualidades de cada uno en particular. Pedro siempre confió en las personas y nunca coartó la libertad ni la rebeldía.
Pedro fue un académico y lo fue hasta la muerte, un genio y figura de la verdad. Fue un hombre de la verdad; como buen veleño, en él no hubo engaño. Permaneció siempre fiel y vigilante como el buen can de Domingo de Guzmán, velando por todos sin que nos diéramos cuenta, dando lo mejor y exigiendo con su ejemplo, con sus palabras, con sus enseñanzas y experiencias.
Pedro nos enseñó a amar la Provincia y sus obras. Nunca tragó entero, supo denunciar oportunamente lo que no era justo, lo que era deshonesto. Aunque un defensor de la verdad, supo callar en la prudencia de los justos y de los hombres sabios. En él admiramos su sentido común, su creatividad pastoral, la utilización de muchos recursos didácticos para transmitir no solo los evangelios, sino la vida académica que lo caracterizó.
Pedro se ganó nuestro respeto, porque él fue manso, respetuoso, sincero; buen hermano, gran amigo y sobre todo un dominico de verdad. Nos conoció, mucho más de lo que pensamos, supo dar consejos cuando se los pidieron y orientar para que no perdiéramos el norte en la vida. Supo adaptarse a todo y a todos. No se andaba con rodeos ni por las ramas, era un fraile con los pies en la tierra. Se puede decir sin equivocarnos, que Pedro se actualizaba diariamente, vivía el presente y estaba a la moda en todo sentido. Pedro no cambió, nosotros cambiamos con Pedro. Pero sobre todo Pedro nos amó.
Nacido en Vélez, tierra de la guabina, el tiple y el famoso “bocadillo veleño”, el 27 de marzo de 1945, hijo de Salvador Díaz Ariza y de Eva Camacho Chacón, ambos oriundos de provincias de Santander, quienes formaron una familia de origen campesino, larga tradición cristiana y profundo arraigo eclesial. Era el tercero de catorce hijos: Excelino, Roberto, Carlos Julio, Ramiro, Eugenio, María del Pilar, Fermín, Myriam, Gladys, Luis Alberto, Elvira y dos más. Bautizado el 8 de abril de 1945, por el presbítero José Manuel Gómez en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, una parroquia liderada por ilustres y venerables párrocos de grata recordación, respeto y veneración en la diócesis de la Provincia de Vélez. Fueron sus padrinos Pablo Ariza y Ana Joaquina Rueda.
Realizó sus estudios de primaria en la Escuela “El Centenario”, la cual se había construido y fundado con motivo del IV centenario de la fundación del municipio de Vélez y que aún se conserva y funciona en el mismo lugar e instalaciones. Por alguna influencia indirecta de los misioneros dominicos de Chiquinquirá, que ocasionalmente hacían presencia misionera en la parroquia como predicadores de las acostumbradas “Cuarenta horas”, de Semana Santa o de misiones periódicas, se propuso conocer el convento y el Santuario Mariano Nacional, en donde, acompañado de su papá, don Salvador, buscó información y apoyo para continuar sus estudios de bachillerato, en un centro de enseñanza distinto al reconocido y tradicional Colegio Universitario de Vélez que en esos tiempos afrontaba alguna de sus frecuentes e intermitentes crisis. Después dos viajes en tren desde Barbosa, con apoyo del entonces prior de Chiquinquirá, fr. Vicente de Jesús Torres Sánchez, ingresó en 1958 al Seminario Apostólico Dominicano Jordán de Sajonia en Bogotá, bajo la dirección de fr. José de Jesús Sedano González, fr. Luis Carlos Perea Sastoque y fr. Reginaldo Argüello Esparza. Allí cursó, como interno, los seis años de bachillerato hasta el 17 de noviembre de 1963, día en el que se graduó como bachiller, siendo rector fr. Luis Carlos Perea Sastoque.
El 7 de diciembre 1963, después de unos amenos retiros espirituales predicados por fr. Pablo Enrique Acebedo Serrano, recibió el hábito dominicano de manos del prior provincial de momento, fr. Campo Elías Claro Carrascal, en la parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Chapinero, junto con otros doce compañeros candidatos a clérigos y cinco para hermanos cooperadores. Era un grupo de 18 novicios que ese mismo día viajó en autoferro a Chiquinquirá para dar inicio al noviciado, liderado por fr. José Dimas Espitia Leaño como maestro y fr. Luis Francisco Téllez Garzón como socio, siendo prior del convento de la Ciudad Mariana, fr. Enrique Alberto Higuera Barrera. El 8 de diciembre de 1964 emitió su primera profesión, en manos del italiano fr. Jordán Verona, junto con fr. José Edelmiro Arias Agudelo y fr. Antonio Páez Peñaranda. En febrero de 1965 inició los estudios institucionales en el Convento de Santo Domingo de Bogotá, en compañía de algunos frailes estudiantes provenientes de Ecuador, Perú y Chile, bajo la dirección de fr. Pastor Prada Dietes como maestro y fr. Gabriel Oviedo como socio. Hizo la profesión solemne el 8 de diciembre de 1968 en manos de fr. José de Jesús Farías Páez. En estos años había concluido el Concilio Ecuménico Vaticano II en 1965 y había sucedido la histórica visita del papa Paulo VI a Colombia en1968.
El 8 de diciembre de 1971, a las 4:30 de la tarde, después recibir las cuatro órdenes menores y el subdiaconado y diaconado, como se acostumbraba hasta entonces, cumplidos los requisitos y guardados los respectivos intersticios canónicos, recibió la ordenación sacerdotal junto con fr. José Edelmiro Arias Agudelo, en la iglesia del Convento de Santo Domingo de Bogotá, por imposición de manos del obispo auxiliar de Bogotá, monseñor Alfonso López Trujillo. Celebró su primera misa en la misma parroquia en la que recibió el sacramento de bautismo, la Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, el 25 de diciembre de 1971.
Durante el tiempo de los estudios institucionales en filosofía, teología y pastoral en el “Studium Generale” de la Provincia entre 1965 a 1971, se ejercitó en pastoral juvenil y vocacional y en el campo de la educación, la docencia y la predicación. Adelantó estudios de maestría en Teología (1976) en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá; doctorado en Teología, con especialidad en Dogmática, según diploma de 1990, de la Universidad Pontificia de Salamanca, en España, con la tesis: “El catolicismo popular en los Andes colombianos. Hacia una hermenéutica teológica global”. Experto en Ecumenismo y Nuevos Movimientos Religiosos en la Universidad San Buenaventura y Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, en 1987. Posdoctor en Narrativa y Ciencia de la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina y la Universidad Santo Tomás.
Fue fundador y director académico del Colegio Santo Domingo de Guzmán, bachillerato nocturno gratuito, que funcionó en las instalaciones del Colegio Jordán de Sajonia desde 1971 hasta 1975, como obra social del estudiantado y del Convento de Santo Domingo. Fue promotor provincial de Pastoral Vocacional; capellán del Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia y superior de la Casa Enrique Lacordaire de Medellín en 1978; maestro de los frailes estudiantes de 1981 a 1983; prior del Convento de Santo Domingo de Bogotá en 1987; centésimo vigésimo primer prior provincial de Colombia en noviembre de 1990; prior del Convento de Cristo Rey de Bucaramanga en 1999 y conventual de San José de Bogotá desde 2004 hasta la fecha. Fue el alma de la construcción del Convento Enrique Lacordaire de Medellín y de la casa San Luis Bertrán de Barranquilla.
En varios períodos académicos se desempeñó como profesor de Teología en el “Studium Generale” durante varios años, en el Instituto Teológico para Laicos de la Universidad Javeriana, en el Centro de Estudios Religiosos (CER) de la Conferencia de Religiosos de Colombia y en la Universidad Santo Tomás. Regente de Estudios de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia entre 1994 a 2002. Presidente de CIDAL, Región Andina de 1990 a 1994 y director del “Curso de Dominicanismo” a distancia, para la Familia Dominicana de Latinoamérica. Visitador General de la Viceprovincia de San Vicente Ferrer de Centro América en 1996. Vicerrector Académico, director del Departamento de Humanidades de la Seccional de la Universidad Santo Tomás, de Bucaramanga de 2001 a 2003. Vicerrector Académico General de la Universidad Santo Tomás, sede principal en Bogotá, de junio 2004 a mayo de 2010. Decano de la división de Ingenierías en 2010 y de Ciencias de la Salud en 2017.
Fue autor y editor de al menos 26 libros y 6 folletos conocidos: “La Orden de Frailes Predicadores”, “Frailes predicadores. Una vocación al servicio del evangelio”, “La Orden de Frailes Predicadores. Una institución antigua para tiempos nuevos”, “Pastoral juvenil vocacional”, “Los dominicos”, “El catolicismo popular en los andes colombianos. Hacia una hermenéutica teológica global”, “Los dominicos en Colombia”, tomos I y II de fr. Alberto E. Ariza Sánchez, “Historia, carisma y evangelización y, La idea dominicana de universidad”, “La religiosidad popular en la historia de Colombia. Aproximación histórica al catolicismo popular en los andes colombianos”, la edición del año 1996 del “Libro de Constituciones y Ordenaciones” para la provincia, “V Coloquio Teológico Dominicano”; “Los pueblos excluidos ¿sujetos culturales?”, “Religiosidad popular, historia, fenomenología, hermenéutica y evangelización”, “30 años cohesionando a los dominicos de América Latina y el Caribe”, “Santo Domingo de Guzmán y los orígenes de la Orden de Predicadores. Documentos y relatos”, “Pasión por la verdad. El estudio en el carisma dominicano”, “Frailes predicadores. Una vocación al servicio del evangelio” en su segunda edición, “Urgidos por la justicia y la paz”, “Los dominicos y la opción por los pobres”, “Tomás de Aquino y la ecología”, la edición de “Retos a nuestra misión II”, obra de fr. Timothy Radcliffe, “Del gobierno de los príncipes”, “Universitatem facientes. Pensar la universidad en perspectiva dominicana” en dos formatos y momentos diferentes, “Proyecto Educativo Institucional, PEI” y “Modelo Educativo Pedagógico” de la Universidad Santo Tomás, “Religiosidad popular en Latinoamérica y Colombia”, la edición en el 2012 de “Tomás de Aquino. Circunstancia y biografía”, obra de fr. Joaquín Zabalza Iriarte, “Bodas de oro sacerdotales. 1971 – 8 de diciembre – 2021”, “Escrutinio teológico−hermenéutico del catolicismo popular en Colombia”, “Thanatopoética colombiana y teología. Siglos XIX−XXI” y “Tomás de Aquino y la ecología” edición 2025. Asimismo, fundó, lideró y dirigió la publicación de varias revistas en la provincia y en la Universidad Santo Tomás: “Boletín de la Provincia San Luis Bertrán de Colombia” de 1974 a 1982 y de 1991 a 1994, la colección “Biblioteca Dominicana” entre 1981 y 1984, y de 1986 a 2007, “La Orden de Predicadores. Curso a distancia CIDAL” entre 1986 y 1989, la “Revista Optantes” en 1991 (a la que le otorgó el nombre), la colección “Testimonium Veritatis” en 2003 y la Revista Temas (Ver: Materialidad impresa).
Fr. Pedro José, fue también conferencista en varios eventos eclesiales y universitarios. Gestor en la creación de varios programas universitarios de pregrado, especialización, maestrías, doctorados, y posdoctorado en la Universidad Santo Tomás. Formó parte de la Comisión nombrada por el maestro de la Orden para la redacción de los Estatutos de la Universidad. Experto y bien documentado en todo lo que atañe a la legislación universitaria, por lo que fue un respetado universitólogo e ideólogo que supo pensar la Universidad para el siglo XXI.
Desde su llegada al Convento de San José de Bogotá en 2004, fr. Pedro se desempeñó como suprior, lector y bibliotecario, además, miembro del Consejo de Provincia, en varias oportunidades. Celebró sus bodas de oro sacerdotales el 8 de diciembre 2021 en Bogotá y el 19 de diciembre del mismo año en Vélez, Santander. Fue un testimonio vivo y coherente, acorde a la vocación a la que fue llamado y apasionado estudioso de la verdad. Falleció en Bogotá en la Clínica de Marly el 23 de agosto de 2025, en la fiesta de santa Rosa de Lima, a los 80 años de edad y 61 de vida consagrada.
Referencias:
Catálogo. Provincia de San Luis Bertrán de Colombia. (2008 −2024)
Díaz, P. (2010). Apuntes autobiográficos. [Manuscrito inédito].
Díaz, P. (2021). Bodas de oro sacerdotales. 1971 – 8 de diciembre – 2021. Bogotá: [sn].
Gutiérrez, G. (2003). 30 años de la seccional Bucaramanga. Apuntes breves para su historia. Bucaramanga: Departamento de Publicaciones de la Universidad Santo Tomás.
Ortiz, C. (2010). Rostros del centenario de la restauración de la Provincia Dominicana de Colombia. 1910−2010. Bucaramanga: Distrigraf.
Ortiz, C. (2021). A Pedro José. (Con motivo de sus bodas de oro). Bogotá: [sn].
Te pueden interesar otros contenidos sobre Reconocimientos. clic aquí