Resaltando su vida de oración, escucha y servicio como reflejo de la vocación dominicana, los frailes y la familia dominicana de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia, despidieron a fr. Luis Francisco Pardo Cortés, O.P., quien falleciera 21 de julio de 2026 en la Clínica Palermo de Bogotá, a los 93 años y 72 de vida consagrada dejando una profunda huella de santidad y entrega.
Sus exequias se realizaron el 28 de julio en el Templo de Santo Domingo, lugar donde pasó sus últimos días de servicio. El acto religioso fue presidido por fr. Fraklin Buitrago Rojas, O.P., prior provincial, en compañía de fr. Osvaldo Murillo Lenis, O.P, prior de la comunidad conventual de Santo Domingo y un importante número de frailes, religiosos, religiosas y un nutrido grupo de fieles, quienes tuvieron la oportunidad de conocer la vida y obra de “fr. Pachito”.
Durante la homilía fr. Franklin recordó que su vida encarnó las palabras con las que los dominicos describen su vocación: “Contemplar para dar a los demás lo contemplado, para ser útiles para la salvación de las almas”. En la sencillez de su trabajo cotidiano, el Padre Pachito mostró que una vida consagrada totalmente al Evangelio deja una marca profunda en quienes le rodean.
Nació en Chiquinquirá en 1933, donde creció también su vocación dominicana y su devoción a la Santísima Virgen María. Siendo muy joven abandonó sus estudios de medicina en la Universidad Nacional para ingresar al convento en 1953. “Entendió que su vocación era ser médico de las almas”, se destacó en la homilía. Comprendió que su mejor medicina era la oración, los sacramentos, la escucha y el acompañamiento espiritual. Fue fiel a ese llamado hasta sus últimos días.
Estuvo en parroquias de Villa de Leyva, Bogotá, Campodós y Chiquinquirá. Dio clase y acompañó pastoralmente en los colegios Santo Tomás, Jordán de Sajonia y Lacordaire. Los últimos 20 años los pasó en el Convento de Santo Domingo, formando a las nuevas generaciones de frailes.
Tres aspectos marcaron su identidad: su sonrisa tranquila, su ruana en el coro a pesar del frío, y sus horas enteras escuchando. No importaba si era de día o de noche. Si alguien necesitaba una oración, una bendición o simplemente hablar, ahí estaba él.
"Damos gracias a Dios que nos regaló por tantos años a un hermano como el Padre Pachito: un fraile que pasó por este mundo haciendo el bien. Agradecemos porque hasta poco antes de su fallecimiento Dios lo conservó con una vitalidad, una fortaleza y una lucidez admirables. Agradecemos porque nos permitió conocer a un sacerdote que asumió el ideal de la santidad con entereza y gastó su vida por Cristo. Que el Señor lo colme con su misericordia, esa misma misericordia que él, como sacerdote, procuró dispensar en tantas vidas y en tantas almas. Amén”,