Un “tigre” al servicio de la juventud y la familia
Fray Ismael Enrique Arévalo Claro, O.P.
| ABRIL 08 de 2026 | Por: Fr. Carlos Arturo Ortiz Vargas, O.P. |
Llamado por nuestros adultos como el “mono” y por los frailes estudiantes “el tigre”, fray Ismael Enrique fue el ejemplo de una vida entregada al amor por la Virgen María, al propósito de arraigar el concepto de familia y a la pastoral vocacional. Nació el 17 de junio de 1933 en La Playa de Belén, la tierra de los “estoraques”, en el departamento de Norte de Santander, en una familia de hondos sentimientos cristianos. Sus padres fueron Francisco y Juana. Tuvo quince hermanos, entre ellos, otro dominico, fray José María Arévalo Claro, reconocido historiador de los dominicos de Colombia y del Perú; además dos primos dominicos: fray Campo Elías y fray Domingo de Guzmán Claro Carrascal, todos oriundos de la misma provincia de Ocaña. La devoción a la Virgen de Chiquinquirá fue algo substancial en su hogar: Ella presidió todas sus alegrías y sus penas.
Ingresó al noviciado de Chiquinquirá el 1° de febrero de 1952 siendo su maestro de formación fray Manuel Salvador Sánchez Toro y con él se inició como fraile corista al profesar el 2 de febrero del siguiente año. El 2 de febrero de 1956 emitió ante toda la comunidad del Convento de Santo Domingo de Bogotá su profesión solemne. Realizó sus estudios eclesiásticos institucionales de filosofía y teología en el “Studium Generale”. Fue consagrado como presbítero el 16 de agosto de 1959. Fray Ismael Enrique era licenciado en Filosofía y Ciencias Religiosas por la Universidad Santo Tomás de Bogotá en 1975. En sus años mozos, por 1964, fue rector del Seminario Apostólico Jordán de Sajonia, contaba entonces con 31 años.
Fray Ismael dejó huella en los distintos lugares en donde desarrolló su misión a lo largo de su vida. Basta con recordar su paso por Barranquilla “La Arenosa”, para iniciar la fundación de la Casa y la Parroquia de San Luis Bertrán por el año de 1972; la parroquia fue erigida en 1974 y fray Ismael fue su primer párroco. Allí desarrolló un gran trabajo pastoral entre las barriadas más pobres de esa ciudad, especialmente entre la juventud. Hoy todavía, después de tantos años, fray Ismael es recordado con afecto y cariño por los feligreses de esa parroquia, considerándolo su “padre fundador”; además, trabajó como capellán de la Normal de Varones del Atlántico.
De allí fue asignado a Medellín a mediados de 1975 a la Casa Lacordaire ubicada en el Barrio Simón Bolívar, en calidad de capellán del famoso Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, donde desplegó todo su entusiasmo en bien de la juventud, amado, respetado por todos, con gran ascendencia sobre directivas, docentes y estudiantes de todos los estratos sociales. A pesar de que fueron tiempos difíciles, de huelgas y revueltas, él supo sortear con tino y reconciliar las partes dentro de la institución, cerrada años más tarde por el Gobierno Nacional. De esta época se recuerda la Pascua Juvenil del año 1976 y siguientes, las cuales supo orientar entre los jóvenes de los colegios más importantes del sector y de Medellín. Sus huellas se hunden en el asfalto de la ciudad y sus discípulos las reconocen al caminar, ahora adultos, porque su voz retumbó por su predicación. Asimismo, “El Tigre” fue el primer párroco dominico de la Parroquia de Santo Tomás de Aquino de Robledo en 1978.
Entre 1985 y 1987, su preocupación por la familia y la devoción apostólica fueron su nueva misión. Durante su estadía en Villa de Leyva, en el Monasterio de Santo Ecce−Homo ejerció su experiencia dominicana en el trato con los pobladores del lugar. Entusiasmado por unir familias, desarrolló actividades como la Pascua Familiar, la Pastoral Bíblica y las famosas “Jornadas Lascasianas”. Fueron famosos y muy escuchados sus programas radiales en “Radio Super” en Tunja y en la “Emisora Reina de Colombia” en Chiquinquirá. También en Ecce−Homo, se preocupó por el bienestar de este lugar; por eso, al notar la escasez de agua ideó la construcción de represas que sirvieran de recipiente natural del agua lluvia en tiempo de invierno para abastecerse en épocas de verano. Este trabajo lo llevaría también a convocar a los campesinos a transformar y conservar su entorno con la siembra de cinco mil árboles, seleccionados con inteligencia taxonómica, al escoger floras con cierta fuerza energética capaz de atraer corrientes eléctricas que contribuyesen a formar nubarrones y lluvias, entre ellas urapanes, sauces y acacias.
Posteriormente, su paso por Cali, especialmente en el Colegio Lacordaire, como capellán desde 1999, mostró su carisma y amor en el desarrollo de su misión pastoral, contribuyendo a la unión familiar y preocupándose por el afianzamiento de la “Escuela de Padres”, que con los días se constituyó en una escuela de familia. Fray Ismael logró transmitir sus ideales al Departamento de Psicología y Asofamilias, haciendo de los años 2002−2003 sus “años de oro”; con este importante proyecto solicitó instaurar la Cátedra Lacorderiana. Por otro lado, en el 2000 convocó a numerosos jóvenes de instituciones hermanas en la ciudad para celebrar con ellos la Pascua Juvenil Dominicana. Pero su preocupación por estas tierras fue más allá. Representó al prior provincial en la Junta Directiva del Ancianato Cottolengo del padre Ocampo. Desde allí, unió esfuerzos con la rectoría del colegio y la Arquidiócesis de Cali, en cabeza de monseñor Juan Francisco Sarasti Jaramillo, para que los jóvenes se acercaran y aprendieran a valorar al adulto mayor.
En el 2010, estuvo asignado al Convento de Cristo Rey en Bucaramanga y vinculado a la Universidad Santo Tomás en calidad de asesor de la Pastoral universitaria. Para el 2013, realizó en diversas actividades en Puerto Rico y en el Convento de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Dos años después, para 2015, se desempeñó como vicario de la Parroquia San Martín de Porres de Cúcuta y en 2017 nuevamente en la Ciudad Mariana. En e 2020 fue fraile confesor en la Parroquia Santo Tomás de Aquino de Medellín y desde el 2024, confesor y director espiritual en el Convento de Santo Domingo de Bogotá. Falleció en Bogotá el 3 de abril de 2026, a los 92 años y 73 de vida consagrada.
Referencias:
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