Entre todo lo que se ha dicho hasta ahora, es menester resaltar que para muchos las redes sociales se han convertido en una especie de algoritmo, entendido este como la serie de procedimientos que se ejecutan para resolver una dificultad en especifica: es decir, que a través de las redes sociales se pueden refugiar muchos problemas de tipo psicológico, emocional, sentimental y existencial. De esta forma, es como el algoritmo computacional se provee del estado de ánimo de las personas.
Aunque parezca que detrás de la virtualidad no hay nadie, los estudios apuntan a que todo el que se adentre a una red social inconscientemente se esté adentrando al mundo de los algoritmos. El mundo de los algoritmos no es más que enviar contenido del cual el usuario esté investigando o esté interesado en conocer, para así apoderarse de su atención.
Se podría pensar que hemos caído en una especie de consumo chatarra. Se podría debatir el hecho de que la era digital está implantando en nuestra sociedad una dictadura virtual de la cual lo que más interesa es ocultar nuestras más profundas crisis intelectuales. ¿Qué pasa si nuestra educación la basamos solamente en este tipo de realidades? Pues muy seguramente nuestra capacidad discursiva no será igual a la capacidad discursiva de aquel lector estudioso que se adentra en una obra filosófica, literaria, o científica. En la aldea global, donde nos encontramos sumergidos, no hay lugar para la profundización, sino un grupo de procedimientos que terminarán en contados segundos.
Sin embargo, el esfuerzo de la didáctica que hay en Tik Tok es de resaltarlo, porque no solamente entretiene, sino que genera momentos placenteros que se pueden perpetuar. Es nuestro deber empezar a diferenciar en qué o quien ponemos nuestra educación, puesto que el problema no es aprender inmediatamente, sino que se quede algo para que después pueda ser interpretado y explicado.
No podemos vivir exclusivamente en el algoritmo de una felicidad pasajera que solo busca la aceptación y el reconocimiento de aquellos que no nos conocen en profundidad, pero que pueden otorgarnos un "me gusta" y así alcanzar lo que soñamos, aunque en realidad seamos insignificantes para las personas que nos rodean a través de estas plataformas digitales.
Ante lo previamente expuesto, nos surgen las siguientes cuestiones que te invitamos a reflexionar:
¿La aldea global será una especie de dictadura virtual donde se va perdiendo la originalidad de las personas?
¿Hasta qué punto los contenidos que publicamos en las redes sociales son un fiel reflejo de nuestra vida?
¿Las redes sociales revolucionan la vida de las nuevas generaciones de la misma manera que en las generaciones mayores?
¿Qué pensar sobre el concepto de Algoritmo versus la felicidad humana?
¿La publicidad despierta deseos naturales o funcionan como adictivos para la cultura del consumo?