Desde el punto de vista de la misma persona humana, el termino piratería lo podríamos abordar desde una perspectiva más ordinaria o habitual, ya que a través de lo común y corriente que le sucede al ser humano se experimentan algunos casos de piratería. Uno de esos aspectos habituales en los que el ser humano podría demostrar este caso de suplantación, sería en la diversidad de su propia personalidad.
Es en la personalidad donde el ser humano aflora una diversidad de maneras de ser, que viene acompañada de una pluralidad de máscaras, resaltando, como dato curioso, que en las civilizaciones antiguas se podía ver que las máscaras hacían parte del vestuario que utilizaban los artistas para sus presentaciones teatrales, estas tenían como propósito representar animales o dioses divinos.
Muy seguramente en la actualidad la diversidad de personalidad nos ha llevado a querer tapar nuestra propia identidad convirtiéndonos en adoradores de los dioses que hemos inventado mediante nuestros intereses. Pero, aun así, no podemos olvidarnos que hacemos parte de una familia, de una cultura que ha impreso en nosotros maneras de ser y de pensar, es decir, que somos frutos de otros que han dedicado tiempo para formarnos a la manera como ellos piensan que es la adecuada. Pensemos en este momento qué podría ser lo original en nuestra vida, o en términos más empresariales, qué sería aquello de mayor calidad que hay en nosotros.
Es cierto que estamos en una sociedad rodeados de innumerables culturas y pensamientos sociales que representan el andamiaje de muchas personas que han trabajado por estos fines, pero ¿qué es lo que nos hace diferentes a estas corrientes?
En un mundo permeado por muchos estereotipos, ciertamente, se imposibilita la originalidad del ser. Muchos de nosotros hemos caído en el juego de calcar personalidades al pensar como ellos, expresarse como ellos, vestirse como ellos, actuar como ellos, causando en nosotros una combinación de muchas personalidades, dejando de ser el producto original para convertirnos en piratas de la sociedad o, en otras palabras, “pirateamos nuestra personalidad”.
Tenemos que reconocer que nuestro contexto social, nuestra cultura ha dependido de orígenes coloniales que han infundido en nosotros aspectos de su conducta o de su modo de pensar. Sin embargo, la independización de los pueblos nos ha permitido encontrar la originalidad de nuestra historia, es decir que, en la medida que vivimos nuestra historia nos hacemos originales.
Pero en la búsqueda de nuestra propia originalidad, debemos tener cuidado de no caer en una especie de narcisismo que nos llevaría sencillamente a pensar en nuestros propios intereses y a ver a los demás como inferiores.
La invitación es a no dejar piratear nuestra personalidad, esa esencia que nos hace únicos e irrepetibles, a no convertimos en un producto de menor valor por tratar de copiar la originalidad del otro al tratar de encajar en los grupos o las minorías de moda. No saquemos nuestra originalidad, aquella que nos ha sido otorgada desde nuestro nacimiento, solo tratemos de moldearla y perfeccionarla para ponerla al servicio del otro, respetando el proceso que cada uno tiene, sin vulnerar la forma como cada individuo desarrolla su propia personalidad.