La misma historia de la humanidad nos ha permitido ver que el ser humano ha tomado como suyo el crimen; a modo de ejemplo histórico, es posible detallar sucesos como la pelea entre Caín y Abel, el mito de los hermanos Rómulo y Remo, e incluso la obra “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift en la que se puntualiza la crueldad de una sociedad, de años atrás, que mediante algunos contratos legales quiere obtener el control y el dominio, entre otros. Todos estos muestran cómo la sociedad es la que corrompe al hombre.
En la misma línea, el filósofo Jean−Jacques Rousseau decía que el hombre es bueno por naturaleza, pero que es la sociedad la que se encarga de corromperlo; es decir, que vivir dentro de una cultura podría ser perjudicial para el ser humano porque esta se va encargar de sembrar en él la maldad. No obstante, la sociedad no solo se encarga de corromper al hombre, sino de permitirle ser hombre, mediante su el desarrollo cultural y de crear identidad. Haciendo énfasis en la tesis de Rousseau, no estaría de más apuntar que es en la sociedad donde el hombre se revela por medio de sus actos codiciosos; dicho de otro modo, el ser humano siempre está en busca de la emancipación, sobre todo cuando esta carece de democracia.
Por otro lado, Santo Tomás de Aquino dice que “el ser humano se reconoce como un ser dotado de razón capaz de obrar según un determinado fin y, además, que posee una voluntad o apetito racional”, que le permite optar por actos propios de su naturaleza humana. Por esta razón, actuará impulsado por su necesidad de supervivencia y probablemente, en ese momento, puede perder su recta intención en el obrar. De ahí que, el bienestar del hombre dependa de un buen desarrollo del estado civil, ya que este está íntimamente unido con el porvenir de toda una nación.
En definitiva, la violencia cíclica se manifiesta de múltiples formas; por ejemplo, en la injusticia social, en el enriquecimiento ilícito, en la escasez que sufren las minorías, por solo nombrar algunos casos. Esto hace que el ser humano, en palabras de Sigmund Freud, demuestre un displacer. En este punto, cabe mencionar también a todas las personas que han sido víctimas de los distintos tipos de violencia. Infortunadamente, esto finalmente se convierte en un círculo vicioso que a corto plazo termina generando más y más violencia.
Finalmente, aunque parezca que estamos condenados a seguir inmersos en una violencia sin salida donde la avaricia ha llevado al ser humano a perder el valor de la fraternidad, la invitación es a no dejarnos corromper por aquella sociedad cruel que busca sacar partida en los asuntos económicos, políticos y culturales, anteponiendo siempre sus intereses. Está en nosotros, desde las comunidades más pequeñas, la oportunidad trabajar en dar por terminada aquella violencia cíclica que tanto nos agobia y el inicio de la construcción de una sociedad más justa.
Referencias
Braz, A. (2003). Hobbes y Kant: de la guerra entre los individuos a la guerra entre los estados. Revista de Estudios Sociales, [En línea], 13−22. Disponible en: https://journals.openedition.org/revestudsoc/25564
Cornejo, P. (25 de agosto de 2019). ¿Es el hombre bueno por naturaleza? El comercio. Disponible en: https://elcomercio.pe/eldominical/hombre-bueno-naturaleza-noticia-668398-noticia/
Martí, L. (14 de julio de 2021). El ser humano desde la filosofía tomista. News Media. Disponible en: https://www.ipade.mx/2021/07/14/el-ser-humano-desde-la-filosofia-tomista/#:~:text=%2D%20Para%20Santo%20Tom%C3%A1s%20de%20Aquino,o%20condici%C3%B3n%20f%C3%ADsica%3A%20la%20felicidad.